
Tras la era Gallardo, el entrenador del Millonario gestó un equipo voraz y conquistó la Liga Profesional con clara supremacía.
La vida de Martín Demichelis está marcada por la resiliencia. A lo largo de sus 42 años afrontó situaciones personas y deportivas adversas, que le permitieron -más allá del dolor- adquirir aprendizajes valiosos que lo fortalecieron para llegar a este presente como entrenador de River, campeón de la Liga Profesional 2023, su primer título desde que asumió en el cargo.
A Demichelis le gustan los desafíos y demostró que no se rinde. Se define como perseverante y que durante su estadía en Alemania, como jugador de Bayern Munich y luego en el rol de DT de la Reserva, aprendió sobre organización. El perfil era el indicado para el presidente del Millonario, Jorge Brito, y el mánager, Enzo Francescoli, que debieron elegir al sucesor del entrenador más ganador de la historia del club, Marcelo Gallardo, que dirigió su último partido el domingo 13 de noviembre de 2022, con la goleada 4-0 a Betis en Mendoza. Así se despidió tras ocho años y cinco meses, luego de lograr 14 títulos, entre las que se destacan las Copas Libertadores de 2015 y 2018, que ganó ante Boca en Madrid.
A los tres días fue presentado el nuevo director técnico. Lejos de congraciarse con su antecesor, decidió usar una frase del Muñeco para marcar el terreno y dejar en claro sus objetivos: “Un entrenador glorioso de esta institución dijo una frase hace un tiempo que quedó para siempre: ‘Que la gente crea porque hay equipo con qué creer’; entonces sigamos creyendo».
Demichelis buscó desde el primer día imponer su sello, más allá del extraordinario trabajo de Gallardo, al que definió como “el mejor técnico de la historia de River”. A ocho meses de su asunción, demostró que vino a escribir su propia historia, con un estilo y preferencias futbolísticas evidentes, acompañados de una personalidad fuerte. Por ello, ahora, festeja su primer título.
El presente ganador de esta versión de River tuvo un inicio dificultoso, lógico para una nueva gestión. En las primeras cinco fechas perdió dos partidos: uno en Córdoba ante Belgrano, el campeón de la Primera Nacional, y otra con Arsenal en el Monumental, que marcha último en los promedios y en la tabla anual. Fueron golpes a tiempo, que le dejaron enseñanzas al entrenador. Lo mismo ocurrió en la Copa Libertadores con la caída en Bolivia con The Strongest y, en particular, en Río de Janeiro, donde Fluminense lo superó con una goleada por 5-1.
El entrenador tomó nota de cada golpe recibido. Fue pragmático, aceptó errores y buscó corregirlos. Modificó el sistema y adoptó el 4-2-3-1, también decidió el ingreso de Rodrigo Aliendro en el centro de la cancha y potenció a Lucas Beltrán como goleador.
La conducción siguió para Nacho Fernández –el segundo refuerzo del ciclo-, apoyado por el desequilibrio que aportan Esequiel Barco y Nicolás De la Cruz. Así, se recuperó y, más allá del fútbol, el elenco mostró carácter para lograr grandes victorias: en el Superclásico a Boca (1-0 en el Monumental con un penal de Borja) y el 2-0 a Flu como local para encaminar la clasificación a octavos de final de la Copa Libertadores. También se destaca un triunfos esencial ante Newell’s en Rosario.
Más allá del juego ofensivo, este equipo cuenta con dos rasgos distintivos. En primer lugar, la supremacía como local: ganó 10 de los 11 partidos que jugó –sólo fue derrotado por Arsenal-. Además, terminó en 14 de los 24 encuentros disputados con la valla invicta. Una virtud que no solo se debe a la vigencia del arquero Franco Armani a los 36 años, sino en un sistema defensivo que a nivel doméstico no pasa tantos sobresaltos, aunque debe mejorar para avanzar en la Copa. Sobre ello, Demichelis también es consciente y por eso pidió dos centrales, aunque esa será otra historia a partir de agosto.




