
El Senado lo aprobó por 69 votos contra 3 y convirtió en ley el tratado tras 25 años de negociaciones. Hubo una fallida maniobra para adelantar la votación y una polémica por los beneficios de ser el primer país en ratificarlo, primacía que finalmente quedó en manos de Uruguay.
La pulseada por adelantar la votación
Durante el debate en la Cámara alta, el oficialismo intentó adelantar la votación para que la Argentina se convirtiera en el primer país del bloque en aprobar formalmente el acuerdo. La moción fue presentada por el radical Maximiliano Abad, aunque en el recinto se interpretó como una jugada impulsada por el oficialismo. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, conversó con varios senadores luego de dialogar con el canciller Pablo Quirno, quien siguió el debate desde el recinto.
Detrás de la discusión reglamentaria también se coló una controversia de fondo: si el país que ratificara primero el acuerdo obtendría beneficios concretos. Desde distintos sectores —no sólo del oficialismo— señalaron que sí existen ventajas asociadas a una aprobación temprana, más allá del valor simbólico de “ser el primero”.
Argumentan que el texto contempla mecanismos que implican acceso anticipado y prioritario a cuotas arancelarias, lo que podría traducirse en ventajas comerciales iniciales. En cambio, el senador pampeano Daniel Bensusán rechazó esa interpretación en el recinto y afirmó que era “mentira” que existieran beneficios diferenciales por aprobar antes. Sin embargo, incluso integrantes de Unión por la Patria en Diputados admitían en privado que ese “fast track” estaba contemplado en la letra fina del entendimiento.
La maniobra para adelantar la votación no prosperó y, en paralelo, Uruguay avanzó con su propio trámite legislativo y terminó convirtiéndose en el primer país del Mercosur en ratificar el acuerdo, quedándose con esa primacía política —y eventualmente comercial— que estaba en disputa.
En Diputados, el debate también había dejado expuestas las diferencias internas del peronismo. El excanciller Santiago Cafiero lanzó una de las críticas más duras al afirmar que el expresidente Mauricio Macri se “había bajado los pantalones” frente a Europa en la negociación. Otros legisladores marcaron reparos y el bloque votó dividido.
En el Senado, el miembro informante del bloque Justicialista, Jorge Coqui Capitanich, confirmó el acompañamiento mayoritario de la bancada, aunque planteó la necesidad de medidas complementarias para resguardar a sectores vulnerables y advirtió sobre las asimetrías productivas que puede generar un acuerdo de esta magnitud.
Tras la votación, las tensiones continuaron con un cruce reglamentario. Anabel Fernández Sagasti pidió que se leyera el artículo 196 del reglamento del Senado, que establece que no se pueden leer discursos salvo autorización de la Presidencia y por hasta cinco minutos, en alusión a la intervención de Bullrich. La ministra respondió que no había leído un discurso sino utilizado una guía, pero la senadora retrucó que las imágenes mostraban lo contrario. La discusión se inscribe en una serie de polémicas recientes en ambas cámaras sobre la lectura de discursos; en la última sesión de Diputados, por ejemplo, Lisandro Almirón leyó íntegramente su intervención como miembro informante de la reforma laboral.
Con la sanción definitiva, la Argentina completó el trámite legislativo del acuerdo en medio de una votación contundente en números, pero atravesada por fuertes cruces políticos y una disputa que combinó reglamento, estrategia parlamentaria y competencia regional.

